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Así se construyó el interior de una ballena para filmar “La caída de la ballena”

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“La caída de la ballena” llegó a cartelera con una propuesta de supervivencia que obligó a su equipo de producción a recrear el interior de un cachalote. La historia sigue a Jay Gardiner, interpretado por Austin Abrams, un joven buzo que se sumerge frente a la costa de California para recuperar los restos de su padre, pero termina atrapado dentro del animal.

El protagonista cuenta con apenas una hora de oxígeno para escapar. En medio de la lucha por sobrevivir, también debe enfrentar la complicada relación que tuvo con su padre y recurrir a las enseñanzas que recibió de él.

Un escenario construido para el rodaje

Para filmar las escenas submarinas, la producción levantó un tanque de cinco metros de profundidad con capacidad para 650 mil litros de agua. Un mecanismo mantenía el líquido en movimiento sin enturbiarlo, mientras rocas y plantas ayudaban a recrear el fondo marino.

El equipo también fabricó una réplica de nueve metros de la parte frontal del cachalote. En otra de las estructuras principales, un estómago de ballena hecho de silicón se contraía alrededor de Austin Abrams, con la ayuda de marionetistas que manipulaban los movimientos fuera de cámara.

El rodaje duró 62 días e incluyó locaciones naturales. Abrams, quien cuenta con licencia de buceo, pasó hasta 12 horas diarias mojado durante las jornadas de filmación.

De una pregunta a una historia de duelo

La premisa surgió de una pregunta del escritor Daniel Kraus: qué ocurriría realmente si una ballena tragara a una persona. La idea tomó forma después de que Kraus vio un video sobre dos kayakistas que quedaron atrapados durante unos segundos en la boca de una ballena jorobada.

Kraus investigó la anatomía de los cetáceos con apoyo de la divulgadora científica Mary Roach. Mientras escribía la novela en la que se basa la película, también encontró un vínculo entre la historia y el fenómeno conocido como “caída de ballena”, cuando el cuerpo de un cetáceo muerto se hunde en el océano y sus restos alimentan a otros organismos.

La película combina así el suspenso de una huida bajo el agua con una historia centrada en la pérdida y la relación entre un hijo y su padre. Para Ramsey Avery, diseñador de producción, el reto consistió en combinar el rigor científico con la imaginación necesaria para llevar el relato al cine.