Alrededor de mil menores migrantes permanecen en Ceuta, España, sin sus familias, luego de que unas 72 mil personas cruzaran desde Marruecos el jueves 30 de julio de 2026. El ministro del Interior español, Fernando Grande-Marlaska, informó que cerca de 70 mil migrantes ya habían regresado, mientras el número de personas fallecidas ascendió a 77.
La mayoría de los cruces ocurrió a nado y en las inmediaciones de un espigón, en un intento masivo por ingresar al enclave español. El operativo derivó posteriormente en una estampida sobre la costa rocosa, cuando algunas personas intentaron evitar la valla fronteriza.
Entre quienes permanecen en Ceuta se encuentran menores que llegaron sin acompañamiento familiar. La situación ha obligado a las autoridades a reforzar la atención y a evaluar mecanismos para distribuir a los menores entre distintas comunidades autónomas españolas.
Una joven de 17 años relató que durante el cruce vio ahogarse a su hermano de ocho años. El testimonio refleja el riesgo que enfrentaron las personas que intentaron llegar a territorio español por una ruta marítima y en medio de una movilización multitudinaria.
La crisis también generó una respuesta política en España y la Unión Europea. Tras una reunión extraordinaria de los ministros del Interior de los Veintisiete, el comisario europeo de Interior, Magnus Brunner, afirmó que Europa había superado la prueba por el momento y expresó solidaridad con España.
Aunque la mayor parte de las personas que ingresaron ya abandonó Ceuta, la atención de los menores no acompañados continúa como uno de los principales retos para las autoridades locales y nacionales.
